La vida argentina en Malvinas 1820-1833

La vida argentina en Malvinas 1820-1833

El artículo aborda algunos aspectos poco conocidos de la vida argentina en Malvinas entre 1820 y 1833, describiendo cómo era la cotidianeidad de los hombres y las mujeres que habitaron allí.

| Por Silvina Gutiérrez* |

El primer intento de asentamiento de población en el archipiélago fue llevado a cabo por Francia, cuando en 1764 expedicionarios franceses al mando de Louis Antoine de Bougainville se instalaron y construyeron la colonia pesquera y foquera Port Saint Louis. Muchos procedían del puerto francés de Saint Maló; de allí el origen del nombre “Malvinas”. Francia reconoció la soberanía española sobre las islas tras el inmediato reclamo de Su Majestad Católica y en 1767 se retiró. España designó al primer gobernador de Malvinas: Felipe Ruiz Puente, quien renombró a la población como Puerto de Nuestra Señora Soledad. Desde entonces fueron 20 gobernadores al frente de 32 administraciones españolas hasta la Revolución de Mayo de 1810. Las Malvinas, como el resto de nuestro territorio, fueron gobernadas en adelante por las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Desde los inicios del Primer Gobierno Patrio hasta la expulsión del pueblo y de las autoridades argentinas de Puerto Soledad en enero de 1833, hay una continuidad de actos que evidencian la ocupación efectiva de las Islas Malvinas y el ejercicio de soberanía por parte del naciente Estado argentino.

En 1820 David Jewett, oficial de la Marina argentina, tomó posesión de las Islas a bordo del buque “Heroína” en nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Ordenó izar el pabellón nacional en Puerto Soledad y prohibió la caza y pesca a buques extranjeros que no disponían de la autorización correspondiente. Este acto público de reafirmación de la soberanía fue presenciado por una gran cantidad de buques loberos y balleneros extranjeros y recorrió los periódicos del mundo, incluido el Times de Londres. Ni los norteamericanos ni los británicos se opusieron, ni realizaron reclamos.

Puerto Soledad, ubicado al noreste de la Isla Soledad en la Bahía de la Anunciación, fue siempre el principal establecimiento en las islas y donde en forma sucesiva España y la Argentina establecieron un poblamiento perdurable en el tiempo y con contactos con el resto del continente americano. Es justamente este lugar, a partir de 1826, el que empezó a transformarse en el primer pueblo argentino en Malvinas y al que Luis Vernet denominó en algunas ocasiones como “Puerto Luis”; aquí Emilio Vernet (su hermano) y María Sáez (su esposa) comienzan a escribir sus respectivos diarios. Este pueblo fue atacado dos veces, primero por los norteamericanos en 1831 y luego invadido en 1833 por los británicos.

El surgimiento del pueblo argentino en Malvinas podríamos dividirlo en tres etapas:
1) de 1823 a 1826, donde los intentos no llegan a tener éxito;
2) de 1826 a 1829 donde se comienzan a refaccionar las viejas edificaciones y a construir otras nuevas;
3) la etapa de apogeo, desde 1829, cuando Luis Vernet es nombrado Comandante Político y Militar de Malvinas hasta la usurpación británica de 1833.

Primera etapa (1823-1826)

En 1823 la sociedad de Luis Vernet y Jorge Pacheco solicitó al gobierno de Buenos Aires la explotación de pieles y aceites de lobos marinos, y la captura de ganado cimarrón en la Isla Soledad. La respuesta positiva llegaría a través del decreto del 28 de agosto, con las firmas de Martín Rodríguez y Bernardino Rivadavia, en el que se establecía la condición de refaccionar los edificios y tenerlos así a disposición del gobierno cuando este quisiera formar de nuevo un establecimiento en dicha isla. Los edificios eran los construidos por la ocupación francesa y española y que con el paso del tiempo se habían deteriorado.

En 1824, antes de que la expedición zarpara hacia el sur, el gobierno de Buenos Aires designa como Comandante Militar de las Islas Malvinas a Pablo Areguatí, un soldado guaraní que había combatido en las guerras de la Independencia a las órdenes de Manuel Belgrano. La misión de Areguatí era la de organizar el primer grupo destinado a vivir de forma permanente en el archipiélago. Sin embargo, los problemas no tardaron en llegar: dificultades climáticas, falta de alimento y el estado de los caballos que se encontraban lastimados al punto de no estar en condiciones para recorrer la isla.

Cuando las noticias llegaron a Buenos Aires, Luis Vernet decidió en forma urgente un segundo viaje de la sociedad a las Malvinas y enviar en representación a su hermano Emilio. A principios de marzo la nueva expedición zarpó con refuerzos, incluidos 60 caballos, para la Isla Soledad y precisas instrucciones de Vernet para Areguatí. A pesar de los esfuerzos, la empresa fracasó y en agosto volvieron a Buenos Aires. Pacheco se desilusionó y abandonó el proyecto. Por su parte, Vernet estaba dispuesto a continuar y en 1825 comenzó a organizar una nueva expedición a las Malvinas en la que él mismo participó.

Segunda etapa (1826-1829)

Esta etapa comenzó en 1826, año en que por primera vez Luis Vernet llegaría a las Malvinas, llevando 25 gauchos y caballos para trabajar en su establecimiento rural en la Isla Soledad. Los gauchos provenían de las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Santiago del Estero, Córdoba y de la Banda Oriental (luego Estado Oriental del Uruguay tras su independencia en 1828). En este viaje, que partió de Buenos Aires el día 12 de enero, también fueron Emilio Vernet y Loreto Sáez (hermano de María Sáez). Luego de una travesía complicada, lograron llegar el 9 de junio. Una de las primeras cosas que hicieron fue un reconocimiento de la Isla Soledad entre Luis, Emilio y Loreto en donde relevaron con detalles la geografía, realizando esquemas, mapas y planos fundamentales para organizar las futuras actividades productivas.

Entre junio de 1826 y julio de 1829, Luis Vernet realizó cuatro viajes entre las islas y el continente, llevando pobladores, víveres e insumos. En esos tres años estuvo solo seis meses en Malvinas mientras su hermano Emilio era el encargado del establecimiento, quien permaneció en el archipiélago y continuó la tarea de asentar el pueblo de Puerto de la Soledad. Esto implicaba no solamente arreglar las edificaciones sino también organizar la tarea ganadera, ya que era preciso construir corrales, domesticar el ganado cimarrón y construir el saladero, principal fuente comercial en ese tiempo.

En 1828 el gobernador de Buenos Aires, Manuel Dorrego, otorgó varias leguas de tierras a Luis Vernet en las Malvinas a cambio de que fundara allí un poblado en el término de tres años. También le concedió terrenos en la Isla de los Estados. De esta forma el proyecto en la Isla Soledad avanzaba. El decreto con fecha del 5 de enero de 1828 le dio la certeza jurídica necesaria. Fue a partir de este momento que Emilio Vernet comenzó a escribir su diario donde cuenta cómo era la vida cotidiana en la isla.

Por ese mismo diario podemos saber que la actividad principal estaba centrada en la captura del ganado vacuno cimarrón, del cual no solamente se alimentaba la población local, sino que la carne y el cuero extraído se exportaban a otros países. Algo similar ocurría con el pescado: una parte se consumía en la isla y otra se secaba y salaba para exportar. Por otra parte, estos alimentos también se utilizaban para comerciar con los barcos que paraban en Malvinas o para intercambiarlos por otros bienes. Para estos navegantes era fundamental conseguir agua y carne fresca para poder evitar el escorbuto, enfermedad que diezmaba a tripulaciones completas. Vemos de esta manera que Malvinas era un punto estratégico para el abastecimiento y reparación de las embarcaciones, refugio de las tormentas y punto de descanso. La tripulación solía bajar a tierra y quedarse unos días. Emilio también relataba que él iba a cenar con los capitanes de algunos barcos y dormía a bordo.

La captura del ganado cimarrón no solo se desarrollaba en Puerto Luis sino a lo largo de toda la Isla Soledad; se construyeron corrales y estancias en diversos puntos aprovechando los rincones naturales: Estancia del Sud, Estancia del Norte, Rincón de Oviedo, Estancia de la Tapera, Rosas, Dorrego, etc. Esta tarea era realizada por los gauchos, quienes también se encargaban de capturar y amansar los caballos salvajes que habían quedado en la isla desde 1824. Uno de los lugares con más actividad era la Bahía San Salvador, una bahía muy amplia ubicada al oeste de Puerto Luis. Allí se realizaban intercambios comerciales y los productos eran trasladados a Puerto Luis con carretas. Para comer aprovechaban recursos que les daba la isla, como cerdos, conejos, huevos y carne de aves (especialmente de cauquenes) y preparaban los cueros de conejos para exportar. Emilio dio cuenta de la existencia de gallinas y de la construcción de una casa para ellas hecha de piedra y con techo de paja. Una casa similar hicieron para la cría de ganado porcino.

Cuando se les acababa el suministro de té o café, recolectaban hojas de un arbusto denominado huarapo o murta para luego realizar un conocido té de Malvinas o té de las turberas. Por otra parte, construyeron huertas para cultivar sus propios alimentos: papas, nabos, maíz, trigo, coles, lechuga, rábanos y arvejas.

La turba, otro recurso típico de la isla, era usada para construir ranchos y como combustible para calefaccionarse. Una de las casas en Puerto Luis era conocida como “la casa de la turba” y allí la cortaban en panes y la secaban durante el verano para usarla en invierno. En los mapas dejados por los hermanos Vernet están marcados los caminos hacia las turberas.

En estos primeros pobladores también existían diferentes oficios: bueyero (encargado de cuidar el ganado), tonelero (encargado de reparar los toneles y construcciones de madera), herrero y pedrero. Es de destacar que estos roles no eran fijos ya que podemos leer que el tonelero pastoreaba el ganado o que el bueyero arreglaba la pared de un corral caído. También fue el bueyero el primero en conseguir ordeñar: “El bueyero de Longisland me trajo 1 botella de Leche, habiendo atado 4 vacas para lecheras”.

Todas las actividades estaban limitadas por el clima, ya que el frío, la lluvia y el viento condicionaban el desarrollo de las mismas. “Empezamos a trabajar en la pared pero teníamos que dejarlo a causa del mal tiempo”.

Como en todo pueblo, también existía un cementerio y Emilio relató que allí llevaron a Marcos Cuevas, el primer gaucho correntino fallecido en las Islas. En relación a las festividades típicas de Malvinas tenemos el 25 de mayo como “Día de la libertad de Buenos Ayres” y el 9 de julio como “Jura de la Independencia de Buenos Ayres”. Esto se explica dado que al igual que el resto de los territorios de la Patagonia, el archipiélago formaba parte durante este período de la Gobernación de Buenos Aires. En estos días de fiesta se izaba la bandera argentina y se tiraban cañonazos; comían asado con cuero y tortas, bailaban, tiraban al blanco.

A fines de agosto de 1828 Luis Vernet llevó desde Carmen de Patagones hacia las Islas a 31 negros y negras. También llevó 7 ovejas pampa, 60 caballos e insumos varios. Recordemos que el gobierno argentino continuaba en guerra con el Imperio del Brasil y que Patagones era puerto de corsarios. Este grupo de afros que se incorporó al pueblo de Puerto Luis se sumó a las tareas que se venían realizando: cortar paja y turba, recoger leña, tender y cuidar el pescado, agarrar chanchos, pastorear el ganado, cocinar, lavar, limpiar, ordeñar, acarrear y pisar cal, así como revocar paredes, hacer estopa, limpiar la casa de las gallinas y la de los chanchos. Emilio cuenta en su diario: “Yo alcé con los negros la pared de la huerta para que los caballos no entren en ella”. En febrero de 1829 aparece la primera anotación en el diario referida a los bailes de los negros los domingos. Más adelante veremos que uno de los negros llamado Antonio se convirtió en capataz de ellos.

La construcción era continua: el rancho de cueros salados, la casa del pescadero, casas para los afros, huertas, un galpón para salar y secar pescados.

Tercera etapa (1829-1833)

La misma comenzó el 15 de julio de 1829 cuando desembarcó nuevamente Luis Vernet, pero esta vez con el título de “Comandante Político y Militar de las Islas Malvinas y las adyacentes al Cabo de Hornos, en el Mar Atlántico”. El decreto que lo designó el 10 de junio de ese año establecía en su artículo 2: “La residencia del Comandante político y militar será en la Isla de la Soledad, y en ella se establecerá una batería, bajo el pabellón de la República”.

Había partido el 19 de junio en el bergantín “Betsy”, con su esposa María Sáez, que estaba embarazada, y sus hijos Luis Emilio (7 años), María Luisa (5 años) y Sofía (que aún no caminaba). Llevaron muebles y todo lo necesario para su casa, incluido un piano. Además, con ellos viajaron 23 personas, algunos de ellos con sus familias, que se sumarían a la población preexistente. A eso le sumamos que en el cargamento había 36 árboles, 30 ovejas merinas mestizas, una vaca lechera y víveres.

Cuando la “Betsy” arribó a Malvinas la esperaban Emilio Vernet, Loreto Sáez y todo un pueblo en plena actividad. El total de habitantes de Puerto Luis se estima en 100 en carácter de fijos y otro número similar en temporarios que iban y venían. Como vimos, tres cuartas partes de esta población habían llegado por iniciativas de Luis Vernet.

El 30 de agosto Vernet asume formalmente el cargo de Comandante Político y Militar de Malvinas con prerrogativas similares a las de un gobernador. La asunción se realizó en una ceremonia donde se cantó el himno patrio, se enarboló la bandera nacional al son de veintiún cañonazos, repitiéndose sin cesar el grito de “¡Viva la Patria!”.

Allí estaba presente el gaucho Antonio Rivero, quien cobró mayor relevancia luego de la usurpación británica de 1833.

Aumentó la necesidad de obtener madera tanto para las construcciones de Puerto Luis como un nuevo producto para exportar y por eso se intensificó la actividad en Isla de los Estados. En 1826 Luis Vernet la había explorado junto a su hermano Emilio y Loreto Sáez, levantando varios mapas de ella. En 1828 obtuvo la propiedad de esta isla a través del decreto ya mencionado del gobernador Dorrego, incluyéndola dentro de la jurisdicción de la Comandancia Política y Militar de las Islas Malvinas. En 1829 celebró contratos con Mr. Brooks para extraer madera de sus bosques con destino a Malvinas.

Ante el aumento poblacional resultó necesario amansar más vacas lecheras, tarea que realizaban los gauchos para luego entregarlas a las nuevas familias que se establecían. María Sáez hablaba de los tambos y el cuidado que las familias otorgaban a estas vacas, limpiando el lugar y haciendo camas de paja. Vernet introdujo 30 ovejas merinas mestizas traídas en la “Betsy”, pero la muerte de 10 de ellas hizo que la actividad ovina no tuviera gran relevancia en este período.

Otra actividad que se amplió y organizó era la salazón de pescado. En la “Betsy” vino Don Julio Grossy con su familia, quien se hizo cargo del pescadero.

También se sumó un jardinero alemán con el objetivo de mejorar la huerta con hortalizas y realizar un jardín con flores delante de la casa de la Comandancia.

Entre las construcciones que cobraron más relevancia está el almacén, que era el lugar donde se guardaban los alimentos.

En Puerto Luis no había iglesia, pero los habitantes tenían un horario para la oración.

Con la prosperidad del asentamiento llegó la necesidad del uso de la moneda en las actividades económicas cotidianas. El Comandante Vernet dispuso la emisión de vales expresados en pesos para facilitar las operaciones de provisiones de bienes en la región. Se constituía de esta manera el primer circulante de papel moneda local en las Islas Malvinas. La colección del Museo del Banco de la Provincia de Buenos Aires posee algunos ejemplares de estos vales.

Luis Vernet era la autoridad para evitar peleas, cuando alguien se pasaba con el aguardiente, por ejemplo, y para cuando una pareja quería formalizar su relación. Tenemos de ejemplo plasmado en el diario de Emilio la del domingo 25 de octubre de 1829 cuando “se efectuó el casamiento de los morenos Antonio y Marta después del cual había baile de negros hasta tarde la noche”. De este modo, los habitantes de Puerto Luis celebraron lo que podría considerarse el primer matrimonio civil de la Argentina. El primer nacimiento también fue protagonizado por una de las negras provenientes de Carmen de Patagones llamada Francisca, que el 10 de diciembre de 1829 dio a luz a un niño.

En este período, a los bailes con tamboriles de los negros se sumaron los bailes con música de guitarra que los criollos y los alemanes ofrecían en sus respectivas casas. Si a esto le sumamos los festejos de las fiestas patrias, de los nacimientos, de los casamientos y las veladas con música de piano en la casa de la Comandancia, más el componente gauchesco de las carreras a caballo, podemos imaginar un pueblo con identidad propia que disfrutaba de vivir en este lugar de nuestra patria.

Conclusiones

Se comprueba y demuestra a través de esta documentación fundacional que es una falacia la versión que afirma que cuando ocurrió la usurpación británica de 1833 en Malvinas “no había nada”.

Los hombres y mujeres que se establecieron en Malvinas a partir de 1826 reconstruyeron cuanto pudieron del antiguo asentamiento español acondicionando los principales edificios y realizando nuevas construcciones para asegurar la consolidación del núcleo urbano de Puerto Soledad que pasó a llamarse en algunas fuentes como “Puerto Luis”.

Al mismo tiempo, en el resto de la Isla Soledad se crearon estancias con corrales para recoger el ganado cimarrón, se localizaron fondeaderos y se construyeron muelles.

También se montaron y crearon saladeros en Puerto Luis y en otros puntos de la isla.

Se estableció la Comandancia, que era la residencia de la familia Vernet, con un salón adecuado para las actividades sociales de la población, con huerta y jardín.

El jardinero alemán se encargó de mejorar la calidad productiva del suelo malvinero y con ello diversificar los cultivos. También se plantó una alameda marcando el camino principal.

El muelle de Puerto Luis cobró gran relevancia debido al creciente desplazamiento de barcos entre las islas y el continente. Lo mismo ocurrió con la actividad del pescadero y en la Isla de los Estados, que día a día fueron aumentando su producción.

Las actividades festivas en la isla comprendían la celebración de las fiestas patrias, los bailes dominicales de los afros con sus tamboriles, hasta las carreras de caballos que practicaban europeos y criollos con entusiasmo.

La vida de Puerto Luis sorprendería al marino británico Fitz Roy que visitó a Vernet manifestando su asombro ante un poblado en el que solamente habían esperado encontrar cazadores de lobos marinos. Así era Puerto Luis en las Islas Malvinas. Allí vivieron nuestros gauchos, indios acriollados, europeos, afros, hombres y mujeres que inauguraron la patria argentina al sur del océano Atlántico.

Era un pueblo de paz, de trabajadores, sin presencia militar y que fueron atacados por un bombardeo estadounidense para luego terminar de ser expulsados por el colonialismo británico el 3 de enero de 1833.

Referencias bibliográficas

Fondo documental Vernet del Archivo General de la Nación
Gutiérrez, S., “Así se construyó Malvinas: el diario de Emilio Vernet”, Buenos Aires, Museo Malvinas, 2021 https://museomalvinas.cultura.gob.ar/wp-content/uploads/2021/11/Emilio-Vernet-libro-Silvina-Gutierrez-1828-1831-VFF.pdf
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Goebel, J. (hijo), “La pugna por las Islas Malvinas”, Municipalidad de la Ciudad de Buenos aires. Secretaria de Cultura, 1983
Groussac, P., “Las islas Malvinas”, Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares. Buenos Aires. 2012
Leguizamón Pondal, Martiniano, Toponimia criolla en las Malvinas. Editorial Raigal. Buenos Aires, 1956
Muñoz Azpiri, J., Historia completa de las Malvinas (3 tomos), Oriente, Buenos Aires, 1966
Vernet, M., Malvinas, mi casa (2 tomos), EME, La Plata, 2020





* Licenciada en Cs. Biológicas (UBA). Trabajó en la Comisión de Recursos Naturales y Ambiente Humano de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación. Es asesora de contenidos del Museo Malvinas.





Foto: Malvinas en tiempos de Vernet // Fuente: Archivo General de la Nación