Editorial: De la desigualdad a la diversidad

Editorial: De la desigualdad a la diversidad

|Por Abraham Leonardo Gak* |

A lo largo de la historia, la subordinación de las mujeres a las decisiones de los hombres se vio consolidada con la existencia de las normas que las distintas religiones monoteístas establecieron para las relaciones sociales. Dios y Jesús son hombres, Mahoma es hombre, Jehová es hombre y, por lo tanto, sus dicterios apuntalaron la preeminencia de los intereses masculinos.

El reclamo de igualdad en materia de género viene remontando por siglos, aunque podríamos decir que recién en los últimos 150 años es que se hace visible en la sociedad toda.

El patriarcado, como distribución desigual del poder entre hombres y mujeres, consolidó la subordinación de las mujeres y fue mutando para seguir siendo eficaz a la hora de sostener culturalmente dicho poder, reproduciendo el esquema de dominación social a partir de la construcción de subjetividades para la satisfacción de los intereses masculinos.

La dura batalla por la igualdad, que comenzó a consolidarse cuando la mujer se autorreconoció como sujeto de derecho, lejos estuvo de ser pacífica, y se vio marcada por negaciones, represiones y muertes. Muchos son los hitos dramáticos en este largo camino iniciado a medida que las mujeres se rebelaron contra el rol de sumisión que les había sido impuesto. Aún hoy, ya avanzado el siglo XXI, muchas mujeres mueren o son gravemente heridas debido a su condición de mujeres.

La ampliación de nuevos derechos en los últimos decenios indica que ese camino comenzó a dar sus frutos y es irreversible. Es hora de que todos como sociedad, y los varones en particular, incorporemos a nuestro discurrir cotidiano la parte que nos toca en el proceso de construcción de una nueva relación social y cultural.

Nuestro país no es una excepción y si no fuera por la visibilidad conquistada a fuerza de reclamos, tal vez los hombres serían mucho más renuentes a aceptar estos cambios imprescindibles en pos de una sociedad más justa e igualitaria.

Si bien podemos señalar como objetivo fundamental de la presente etapa el derecho al aborto, lo significativo será el sostenimiento de pautas culturales verdaderamente igualitarias.

En una sociedad desarrollada y con una arraigada concepción democrática, la participación de la mujer en los espacios públicos, políticos y en la división del trabajo no debería ser un derecho por el cual luchar, sino que debería ser un elemento constitutivo del propio entramado social.

Ahora bien, aunque en un siglo la imagen de la mujer cambió mucho, aún nos queda un largo recorrido para lograr la igualdad por la que tantas mujeres del mundo entero continúan batallando.

Hoy en día las mujeres ocupan significativos cargos políticos, y varias incluso conducen los destinos de importantes países; sin embargo, las direcciones de empresas y organizaciones productivas, así como la participación en los procesos de investigación científica permanecen aún como espacios vedados.

Esto demuestra lo lejos que estamos todavía de alcanzar esa sociedad de iguales que deseamos y queremos construir, donde el género no sea más que una expresión de diversidad y no ya de desigualdad. Es cuestión de seguir avanzando y construyendo.





* Director de Voces en el Fénix.