Las ciudades y el reto de generar prosperidad distribuida en la era de la robótica y la inteligencia artificial

Las ciudades y el reto de generar prosperidad distribuida en la era de la robótica y la inteligencia artificial

Aún estamos a tiempo de decidir nuestro futuro. Disponemos de herramientas para diseñar intervenciones estratégicas que nos permitan impulsar nuestro potencial y generar oportunidades que beneficien a toda la sociedad. Este artículo presenta un modelo de análisis territorial que identifica los factores clave que permiten a los países y regiones disponer de un diagnóstico y modelo de predicción de su fortaleza económica.

| Por Ramon Gras Alomà |

Introducción: un precedente histórico de superación colectiva de una crisis tecnológica

En línea con una vibrante y venerable tradición gremial de siglos, los relojeros del Valle del Jura, en Suiza, pueden considerarse el gremio artesanal más sofisticado de su tiempo. La cordillera que arranca en Ginebra y se extiende hasta la falda de la ciudad de Basilea vio surgir a lo largo del siglo XVIII una constelación de pueblos productores de cronógrafos, artilugios fabricados con esmero en talleres gestionados por antiguos granjeros que aprendieron el arte del diseño de relojes de sus vecinos de Neuchâtel. Grupos de campesinos ávidos de aprender nuevas técnicas y poder constituir sus propios talleres, en los que a la vez que contribuían al perfeccionamiento de una tecnología novedosa, podían expresar su estilo personal y gremial mediante la estética.

A principios del XIX, en los albores de la revolución industrial, el colectivo de diseñadores y productores de relojes suizos del Valle del Jura era ampliamente reconocido por producir los artilugios más deseados de la Europa de su tiempo. Los relojeros suizos aprendían y perfeccionaban el arte que heredaban de sus maestros, y trabajaban autónomamente en sus respectivos talleres, a la vez que se beneficiaban de una red de conocimiento común. Hasta el punto de que su oficio devino sinónimo de calidad, precisión, funcionalidad impecable y belleza.

Riesgo de disrupción tecnológica de una industria floreciente como resultado de la automatización industrial

Sin embargo, dicho gremio se vio violentamente afectado a partir de 1840 por los avances tecnológicos en el campo de la ingeniería que dieron pie a la mecanización de parte de la producción, lo cual a su vez permitió por primera vez la fabricación industrial, en masa, de relojes de menor calidad. Es el fenómeno que el profesor Clay Christensen, de la Harvard Business School. describe elocuentemente como innovación disruptiva: nuevas formas de producción, “tecnologías facilitadoras”, que abaratan el costo de producción, permitiendo la fabricación a escala de productos hasta entonces sólo al alcance de minorías privilegiadas, reduciendo los estándares de calidad, pero extendiendo el acceso a tales lujos a amplias capas de la población.

El profesor Christensen ha analizado cómo los procesos de innovación disruptiva han desplazado violentamente numerosas industrias antaño bien asentadas: las miniacerías a las plantas de fundición siderúrgica, transistores frente a los aparatos de radio, los vehículos utilitarios de masas frente al vehículo de lujo, los ordenadores personales desplazando a los computadores, cámaras integradas en el teléfono móvil sustituyendo a gran velocidad las tradicionales cámaras fotográficas, etc. Con frecuencia, la tecnología predecesora ha sucumbido a la pérdida de influencia, incapaz de reaccionar con agilidad y aportar una alternativa viable y competitiva sobre la mesa.

Felizmente, este no fue el destino que esperaba a los relojeros del Jura. Incapaces de competir en la guerra internacional del bajo precio, tuvieron que centrarse en la red de talento (formación) y trabajo (red organizativa) para diferenciarse por la vía de la calidad. Asimismo, las autoridades locales invirtieron en infraestructuras estratégicas que les permitieron exportar sus productos alrededor del mundo (red de infraestructura urbana). Los artesanos del reloj, ante la perspectiva de ser barridos por la automatización que afectó a su industria, se constituyeron en sindicatos de raíz anarquista para proteger sus derechos y trabajar en red.

La respuesta colectiva del clúster de relojeros del Jura en Suiza: un caso de éxito en el resurgir de una economía regional

El movimiento social de los relojeros del Jura permitió a los trabajadores defender sus derechos, y trabajar en red para aportar una alternativa de calidad al riesgo potencial de destrucción masiva de empleo como resultado de la automatización. En la actualidad, el Valle sigue siendo el principal productor de relojes del mundo, diferenciándose mediante la asociación con los más altos estándares de calidad: la Federación de Relojeros Suizos aglutina hoy más de 500 agrupaciones, cerca del 90% de la industria relojera del país, y produce el 3% de los relojes del mundo, que sin embargo representan 24 billones de dólares anuales, prácticamente el mismo valor que el restante 97% de producción mundial en el sector.

Al día de hoy, el Valle del Jura constituye una de las cinco regiones más prósperas de Suiza, dispone de más lugares de trabajo que residentes, con un desempleo negligible, y más de 4.000 empleados que cruzan cada día la frontera desde Francia para trabajar en sus fábricas y talleres. Un caso de éxito de la sociedad cuando trabaja en red por un ideal común.

El reto de nuestro tiempo: generar prosperidad distribuida en la era de la economía global y la automatización

Uno de los grandes retos que nuestra sociedad deberá afrontar en los próximos años es el de dar respuesta solvente a los períodos de estancamiento económico y falta de oportunidades laborales atractivas que afectan directamente la vida de una parte importante de los ciudadanos de los países occidentales. Estos fenómenos se deben principalmente a tres factores: en primer lugar, la falta de ideas, de ética y de liderazgo que observamos a escala global desde hace décadas; en segundo, la disrupción producida por la llegada –desde el punto de vista sistémico– de nuevas tecnologías que transforman los sistemas productivos y las relaciones interpersonales en el mundo laboral, y, por último, la globalización del comercio internacional, que ha permitido el auge de nuevas potencias económicas, particularmente en el continente asiático.

Se prevé que, durante las próximas tres décadas, las clases medias de países como China o India se tripliquen. Este hecho representará un cambio dramático en las relaciones comerciales y de poder en el campo de la geopolítica. Asimismo, la emergencia de tecnologías fundamentadas en la inteligencia artificial, la robótica y la automatización de procesos amenaza con destruir al menos un tercio de los puestos de trabajo en el mundo occidental. Además, Occidente parece dar muestras evidentes de agotamiento, así como de haber perdido el pulso de la innovación y el liderazgo en el desarrollo de nuevas soluciones que permitan generar círculos económicos virtuosos que beneficien a la mayoría de la población.

Como consecuencia de estos factores, la sociedad occidental se enfrenta a un período de gran incertidumbre. A modo de ejemplo, el continente europeo ha pasado de representar el 34% del PIB mundial a solo el 17% en cuatro décadas; y la tendencia sigue a la baja. Los Estados Unidos han pasado de representar un 44% del producto interior bruto mundial tras la II Guerra Mundial, a tan solo el 16% en 2018. Procesos parecidos han afectado asimismo a la economía argentina, antaño boyante, y actualmente en fase de impasse.

Con todo, el futuro de la sociedad y la economía europeas no está escrito. Si bien los augurios a corto plazo no son particularmente halagüeños, también es cierto que todas las teorías deterministas y materialistas de la economía y de la historia han mostrado una falta absoluta de rigor. La pregunta clave es: ¿cómo podemos comprender mejor el problema, hacer un diagnóstico más acertado y revertir esta tendencia para atraer un impulso renovador apoyándonos en el legado más valioso que hemos heredado?

Precisamos de herramientas de análisis económico territorial: una ciencia de las ciudades como sistemas complejos

¿Depende de nosotros crear un modelo económico que genere prosperidad distribuida? A pesar de los riesgos y amenazas objetivas que estos factores pueden representar para la sociedad de nuestro tiempo, aún estamos a tiempo de decidir nuestro futuro individual y colectivo. Disponemos de herramientas de análisis a nuestro alcance para diseñar intervenciones estratégicas que nos permitan impulsar nuestro potencial y generar oportunidades que beneficien estructuralmente a la sociedad en su conjunto.

La ciencia de la complejidad y la teoría de las redes aportan nuevas ideas a la economía

Un campo que ha experimentado adelantos vigorosos durante los últimos años es el de la ciencia de la complejidad y la teoría de redes, en particular por sus aplicaciones a la economía. Los estudios liderados por los profesores Ricardo Hausmann (Harvard) y César Hidalgo (MIT) arrojan luz sobre el problema de la identificación de los ingredientes y las dinámicas que constituyen el motor de la prosperidad de las naciones. El modelo que Hausmann e Hidalgo han diseñado supera a todos los estudios previos en lo relativo a la identificación de los factores clave que permiten a los países y regiones disponer de un diagnóstico y modelo de predicción de su fortaleza económica.

Hausmann e Hidalgo identifican que el motor de la economía de un país es el know-how colectivo de la sociedad: la habilidad que desarrollan las personas, empresas e instituciones para trabajar en red, con el objeto de diseñar y producir nuevas soluciones, productos y servicios que respondan con solvencia a las necesidades del colectivo. Uno de sus mayores hallazgos es el de haber identificado un proxy inteligente para describir científicamente el know-how colectivo de cualquier país, mediante el concepto de complejidad económica. Los indicadores de Complejidad Económica (Economic Complexity) demuestran que el nivel de fortaleza, salud y prosperidad de la economía de un país se puede describir y aun predecir con gran precisión mediante el análisis de la potencia, diversidad y sofisticación de las exportaciones del país: Product Space of Exports. El índice de complejidad, además, está correlacionado positivamente con más libertad política, igualdad social, una distribución de la riqueza más igualitaria, una menor criminalidad y corrupción, y mayores niveles de seguridad ciudadana.

Si bien este modelo de Barabási, Hausmann e Hidalgo resulta de gran utilidad para llevar a cabo diagnósticos precisos a escala estatal, y facilita la toma de decisiones en el ámbito nacional, tiene una gran limitación: la mayoría de las decisiones económicas de calado se producen a escalas más pequeñas, subnacionales: regionales, de ciudad y empresa/institución. ¿Cómo podemos salvar la distancia abismal entre el grueso de decisiones que determinan la evolución del know-how colectivo y las limitaciones objetivas de las actuales herramientas de análisis, toma de decisiones y criterios de diseño del tejido urbano?

Alta resolución de la complejidad económica: el reto del análisis de la innovación urbana

Nuestro equipo de investigación en Innovación Urbana de la Universidad de Harvard se centra en desarrollar herramientas de análisis territorial, fundamentadas en la ciencia de la complejidad y la teoría de redes, y vehiculizadas mediante modelos de Inteligencia Artificial (IA) y aprendizaje continuo o Machine Learning, que permitan identificar los ingredientes y dinámicas necesarios para liberar el potencial latente para crear una sociedad más humana, así como una economía más dinámica, creativa y generadora de prosperidad distribuida.

Para disponer el día de mañana de una sociedad más humana, necesitamos fortalecer un modelo de apoyo al tejido productivo que permita crear prosperidad distribuida, así como reconocer y recompensar el mérito y la contribución individual o colectiva de los ciudadanos. El elemento principal de esta prosperidad distribuida es la potenciación del saber hacer colectivo; asimismo, el motor acelerador que propulsa ese know-how es la innovación. Por este motivo es necesario identificar qué factores permiten liberar el potencial innovador latente en la sociedad.

Descubrimientos del Atlas de Distritos de Innovación. Un ejemplo de la aplicación de la ciencia de las ciudades que permite ilustrar los componentes y las dinámicas que permiten generar prosperidad distribuida

Para responder a esta pregunta hemos analizado, a la luz de la ciencia de la complejidad y la teoría de redes, los cincuenta distritos de innovación más potentes de Estados Unidos, ubicados en ciudades como Nueva York, Boston, Chicago, Los Ángeles, San Francisco Bay Area, Seattle, y muchas otras.

Una de las principales iniciativas del equipo que han permitido medir, iluminar y comprender mejor el fenómeno y las dinámicas de la innovación urbana ha sido la territorialización del modelo de complejidad económica a tres escalas territoriales:

Escala regional: tejido urbano, infraestructural y operacional que permite potenciar las industrias y exportaciones de alto valor añadido, en las que se han identificado, medido y analizado las dinámicas que impactan en las tres grandes fases de la innovación regional:
● investigación y academia;
● transferencia de tecnología;
● producción en masa.

Escala urbana: distritos de innovación que generan beneficios no lineales de agregación estratégica de actividades intensivas en conocimiento, en los que hemos identificado las cinco grandes fases de la innovación urbana:
● inputs: inversiones estratégicas, criterios de diseño, marco regulador y choques exógenos;
● intensidad de innovación;
● dinámicas de innovación;
● rendimiento de la innovación;
● impacto social de la innovación.

Escala arquitectónica: equipos de alto rendimiento que crean nuevos productos, servicios y soluciones para dar respuesta a las necesidades humanas, en las que se han identificado, medido y analizado las siete grandes fases de la innovación de equipos:
● nuevas ideas;
● análisis de datos;
● hipótesis de trabajo;
● prototipos;
● iteraciones y calibración del modelo;
● producto mínimo viable;
● adopción masiva de la solución.

Los tres factores que permiten liberar el potencial innovador latente en la sociedad

Como resultado de nuestros análisis, hemos detectado y analizado las tres redes que permiten liberar el potencial innovador de un territorio:
● Redes de talento.
● Redes de estructuras organizativas y sistemas de incentivos.
● Red de diseño urbano e infraestructural que configuran el espacio físico donde se desarrolla el tejido productivo.

La buena noticia es que los tres factores principales dependen de decisiones humanas y, por tanto, está en nuestras manos el priorizar criterios de toma de decisión que favorezcan el máximo rendimiento de los tres tipos de redes. Hemos tenido ocasión de identificar las principales relaciones de causalidad que favorecen o dificultan la habilidad de las sociedades para permitir a sus ciudadanos el desarrollo de nuevas soluciones y la transformación de lo que inicialmente suelen ser puras intuiciones en productos o servicios escalables que generen riqueza y permitan desarrollar una vida más plena.

Tipologías de red óptimas para creación y captura de valor económico a escala urbana

Los criterios de diseño urbano inciden estructuralmente en cómo las personas interactúan entre sí. Por ejemplo, el modelo radial/concéntrico de una ciudad como París presenta algunas ventajas, como resultado de la concentración de instituciones en el centro histórico, pero tiende a engendrar una división entre el centro de la ciudad y los barrios periféricos que puede dañar la cohesión social. Uno de los resultados de nuestro análisis es que la mayoría de retículas y tramas a escala urbana se producen como resultado de redes orgánicas, diseñadas sin una lógica de sistemas. En consecuencia, dichas tipologías presentan una serie de ineficiencias internas que redundan en perjuicio del sistema de creación y captura de valor económico. El esfuerzo de modelización de ciudades como sistemas complejos, sin embargo, nos permite identificar qué tipologías de diseño urbano presentan unas características que maximizan la interacción humana, minimizan las ineficiencias, y nos permiten concebir ciudades eficientes a la par que hermosas. Factores como la topología (diseño de la trama urbana en 2D), la morfología (faceta 3D, incluyendo la altura de edificios y niveles de densidad), o el nivel de saturación inducen diferentes tipos de interacción entre personas.

En síntesis, hemos identificado que el tipo de red que describe la creación de valor óptima sigue una distribución de tipo fractal, una tipología descubierta por Mandelbrot que permite una distribución eficiente de actividades y servicios de calidad a lo largo y ancho de un área metropolitana. Con el objeto de identificar qué factores permiten transformar un sistema económico urbano mediocre u oligárquico en un sistema que impulse al máximo el potencial latente individual y colectivo, debemos identificar qué formas de topología, morfología y entropía urbana nos acercan a una distribución con una estructura interna de tipo fractal. Análogamente, aquellas intervenciones en el territorio que refuercen el modelo educativo, el tejido económico, o de apoyo social, nos permitirá acercarnos a una función de captura de valor económico a escala urbana de tipo Poisson, que describe aquellas sociedades más igualitarias y que protegen a las personas y colectivos más frágiles. En cierto modo, nuestro modelo viene a reforzar la validez del clásico lema: “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”, atribuido a Louis Blanc.

A modo de ejemplo, hemos diseñado indicadores cuantitativos para medir los beneficios no lineales de la agregación geográfica estratégica que se producen en los distritos de innovación más consolidados:
Intensidad de innovación: esfuerzo colectivo de apoyo a las actividades intensivas en conocimiento medido como porcentaje de empleados respecto del total, y tipo/fase de innovación asociado.
Rendimiento de la innovación: resultados tangibles de las actividades intensivas en conocimiento, en términos de nuevas patentes, nuevos productos y servicios, proyectos de Investigación y Desarrollo, artículos científicos, etc.
Impacto de la innovación: mide cómo las actividades intensivas en conocimiento impactan positivamente en la disminución de las desigualdades, contribuyen a la reducción del desempleo, y generan redes de know-how colectivo más resilientes a las crisis cíclicas.

El resultado del análisis ha revelado que los distritos de innovación por empleado producen cuatro veces más invenciones (nuevas patentes, nuevos productos, nuevos servicios, I+D, artículos científicos); por residente, generan hasta nueve veces más puestos de trabajo (quince veces más puestos de trabajo intensivos de conocimiento) y hasta veinte veces más riqueza. Además, por cada puesto de trabajo intensivo en conocimiento, se generan de media entre cuatro y cinco empleos de apoyo; esto favorece la reducción del desempleo y contribuye a generar ciclos de prosperidad distribuida en toda el área metropolitana de la ciudad.

Una posible estrategia ganadora es la del diseño de distritos de innovación, capaces de alojar centros de investigación y transferencia de tecnología punteros, compañías intensivas en innovación y personas, y equipos, que puedan generar nuevos productos y servicios a partir de la colaboración. A su vez, estos pueden generar inmensas oportunidades de trabajo para la sociedad mediante centros de producción de alto valor añadido y hubs intermodales que permitan que estos productos y servicios sean competitivos en el mercado global. Esta estrategia, en definitiva, pretende generar una economía basada en la innovación, el trabajo en red, y el mérito personal.

En agosto de 2019, la revista MIT Technology Review anunció la publicación por parte de las consultoras Aretian y Opinno del primer Atlas de Distritos de Innovación del mundo, desarrollado por el grupo de investigación en Innovación Urbana como evolución de la tesis que publiqué en 2018 con mi colega Jeremy Burke. Si bien esta primera edición se ha centrado particularmente en los cincuenta distritos de innovación líderes en Estados Unidos, en el futuro incluirá asimismo también a Europa, Latinoamérica, Asia y otras regiones del mundo. Esta nueva metodología (que se basa en autores como Évariste Galois, Ildefons Cerdà y Louis Durand, así como en los modelos desarrollados por Barabási, Hidalgo y Hausmann) puede ser una de las claves que permita una mejor comprensión del fenómeno de la innovación urbana y sirva de estímulo y guía para tomar mejores decisiones. Asimismo, dicha nueva metodología puede permitirnos identificar la localización idónea para dichas comunidades, qué criterios de diseño deben conformar la planificación urbanística de tales distritos, y qué industrias y talentos presentan mejores perspectivas para la potenciación del know-how colectivo local. Con el tiempo, dicha herramienta puede llegar a convertirse en un motor de análisis y apoyo a la toma de decisión que genere más oportunidades profesionales de calidad y nos permita avanzar hacia una sociedad más próspera, dinámica, libre y, en última instancia, más humana.

Autorxs


Ramon Gras Alomà:

Investigador en Innovación Urbana en la Universidad de Harvard y Cofundador de Aretian Urban Analytics and Design (Harvard Innovation Lab).